Barry Lyndon – Reseña

Barry Lyndon – Reseña

Los criterios que refieren a la condición humana y sus representantes, desde un lado no tan bueno o no tan malo, más allá de cuestiones de virtuosismo técnico, fueron una constante en la cinematografía del neoyorquino Stanley Kubrick.

Aquel cineasta que supo abordar diversos estados y estilos con propia identidad, constituyéndose como el director más representativo del séptimo arte de modo contemporáneo.

Y siempre dentro de la maleza de personajes protagónicos y secundarios de sus realizaciones, manifestó implícita o explícitamente los males y las miserias mismas a través de paradigmas fundamentados desde el espacio; la cotidianidad urbana; la violencia o el rasgo psicológico más extremo.

“Barry Lyndon” (1975)

Pero en este trabajo, considerado por muchos como algo “lento y aburrido”, la majestuosidad desde un criterio artístico de relevancia. Y la composición de un ser al límite de sus necesidades, ambiciones desmedidas y soledad, colocan a la obra in situ como una de las más relevantes de su historia como realizador. Brindando la profundidad necesaria para mostrar la mismísima representación de la mediocridad de un hombre que por tanto ambicionar, pierde el sentido mismo de aquello que en el camino recogía.

Tomando lápiz y papel, luego del mega éxito llamado 2001: Odisea del espacio (1968), el realizador se propone adaptar una novela del periodista Inglés William Makepeace Thackeray, con el propósito de construir una épica diferente. Constituyendo un perfecto trabajo desde la ampulosa técnica; el guion; la iluminación y el respetado rigor histórico.

Barry Lyndon

La obra narra el devenir de Barry Lyndon. Un joven irlandés ambicioso y sin escrúpulos, que se ve obligado a emigrar de su tierra a causa de un duelo.

Así comienza a transitar una camino errante y lleno de aventuras. Sin embargo, su sueño es alcanzar una elevada posición social. Y ese sentido de búsqueda, se constituirá como pieza fundamental y estructural del trabajo.

Dividido en dos mitades, con un singular relato en off que por segmentos desarrolla el entendimiento preciso de los pasos del viajante y sus contextos. Más allá de sus postales visuales y de virtudes varias y demostradas, la suerte de un Irlandés bribón, casi desencarnado de maldad y por momentos hasta inocente; su trascender mezquino y arrogante, forma parte estructural fundamental en el sendero de demostrar dentro de un contexto de región en guerra (la de los 7 años en la cual varios países Europeos participaron con el fin de siempre: recuperar o tomar territorios y monopolizar la cuestión comercial.) cómo la condición humana puede llegar al abordaje de situaciones internas individualistas e injustas.

Poniendo en jaque el sentido del amor y la comprensión mediante esa cuestión de trascender socialmente sin escrúpulo alguno, materializando el peor criterio de la condición mencionada.

“Barry Lyndon” (1975)

Barry Lyndon era algo así como un Robin Hood. Pero para ejercer justicia y equidad hacia sus propios intereses.

Como pendenciero; o soldado; como acaudalado ser dentro de una corte que lo excluía como persona; ninguneando su presencia ante los altos rangos de la monarquía; este personaje, desde una construcción familiar que lo lanzaba a “tomar el mundo” sea como sea y del modo que se presente, termina conformando la representación del desamor. Aquel que por conflictos no resueltos, destrozaba todo aquel cariño bien conducido y procedido. En la búsqueda sistemática de una posición social que logre mitigar su dolida y controvertida alma.

Un film único y soberbio. Ganador entre otros premios de relevancia internacional, de 4 Premios Oscar de la academia (Diseño De Producción,; Fotografía; Música Original; Vestuario.) que contiene todo el recurso técnico necesario para el disfrute continuo del espectador, y un decálogo de cómo hacer cine para los estudiantes.

“Barry Lyndon” (1975)

Su parte actoral acompaña fielmente el desarrollo indicado y la orientación de la narrativa.

Marisa Berenson, demostrando desgarro y tristeza. Patrick Magee en el rol de otro integrante del elenco estable de la representación del engaño y la trampa humana. Y Ryan O´Neal como el inescrupuloso Raymond Barry; actor cuestionado por su lineal labor, pero correcto ante la orientación que pretendía demostrar el director de poner en escena un minimalista hombre, de poca expresividad.

Entre “Cortes y quebradas”, Barry Lyndon puede ser el timador errante buscando acomodar su osamenta dentro de un sistema de lujos para pocos. O un moderno acomodaticio devenido a “nuevo rico” a través de actos cuasi teatrales espurios y corruptos que una parte del engranaje social brinda hacia aquellos que pretenden vivir ampulosa y cómodamente mediante hechos que condenan a miles.

Y allí se basamenta el mérito de esta obra.

“Barry Lyndon” (1975) es un atemporal manifiesto mediante la principal construcción de un personaje que se iguala a los miles que han poseído injerencia directa en los estratos de poder y sus mezquindades, inoperancias y mediocridades.

“Fue durante el reinado de Jorge III que todos los personajes presentados vivieron y lucharon; buenos o mezquinos, hermosos o feos, ricos o pobres… ahora todos son iguales” reza el epílogo de esta obra fundamental de la cinematografía mundial de todos los tiempos.

Cosa de mandinga…

Aborde el trabajo que aborde, el viejo maestro Stanley Kubrick siempre nos deja en punto reflexivo. Y en modo igualitario.


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